Back to the land: Huertos, jardines y museos del futuro

A estas alturas ya nos hemos dado cuenta de que la era de los museos que enseñan cosas debería dejar paso a la era de los museos que hacen cosas.

Muchos hablan de los dispositivos móviles, la sobreinformación y lo intangible, pero para mí la primera década del siglo XXI ha sido sin duda la década en la que muchos ciudadanos se han dado cuenta de que aún somos capaces de hacer las cosas nosotros mismos, que luchar por la autosuficiencia aún tiene sentido. La segunda mitad del siglo XX nos enseñó a desvincularnos del proceso de producción de nuestra comida, nuestra ropa y nuestras ciudades; nos hizo creer que las cadenas de distribución lo podían todo. Y resulta que ahora, dos siglos después del comienzo de la Revolución Industrial, nos hemos acordado de que fabricar cosas nos hace fuertes, nos gusta, nos hace sentir libres y nos da poder.

En esta línea de reaprendizaje y conexión con nuestros recursos primarios me parece fundamental hablar de los proyectos de huertos y jardines didácticos que desarrollan muchos museos. Puede que me equivoque, es posible que los museos sirvan para enseñar cosas y no para cultivarlas, quizás no escribiría esto si no plantara tomates en el balcón ni me gustara hacer mermeladas, pero prefiero creer que no es así.

Los huertos y jardines didácticos son herramientas fascinantes para entrar en contacto con el entorno y aprender de dónde vienen las cosas. No podemos permitir que los niños sepan diferenciar las monocotiledóneas de las dicotiledóneas sin haber visto nunca cómo se planta una patata ni cómo se obtiene el algodón. Muchos museos pueden cumplir sus programas educativos o simplemente promover proyectos de integración. Otros pueden plantear el huerto urbano como una manera de aprovechar espacios exteriores vacíos e involucrar a sus trabajadores a cambio de llevarse a casa sus propias hortalizas.

Cuando hablamos de “museos cultivados” los más prolíficos son los estadounidenses, especialmente los dedicados a los niños y las ciencias naturales, aunque me alegra decir que tenemos ejemplos hasta en España. Algunos museos, como el Natural History Museum of Los Angeles County, ofrecen talleres para motivar a sus visitantes a emprender su propio huerto casero. Otros proyectos, como el del Avant Garden desarrollado por Intermediae en Matadero Madrid, cuentan con la colaboración de la comunidad para su mantenimiento. El Children’s Museum of Pittsburgh dispone de dos espacios diferentes y una completa programación en cada uno de ellos. Por su parte, el Children’s Discovery Museum of San Jose combina intervenciones sencillas relacionadas con el cuidado del huerto con actividades creativas para los niños. También hay centros, como el Museu de l’Horta de Almàssera (Valencia) y su espacio L’Horta Didàctica, que cuentan con verdaderos campos de cultivo en sentido tradicional en su itinerario.

Una alternativa muy viable para cualquier edificio integrado en el espacio urbano que no cuente con terrenos cultivables a su alrededor es construir jardines y huertos urbanos en sus terrazas. Me encanta la iniciativa del Field Museum, que desarrolla su The Edible Treasures Garden gracias a la colaboración voluntaria de sus trabajadores. Otro modelo de roof garden bastante frecuente en museos de niños es el que combina elementos propios de huerto urbano con otras actividades relacionadas con el funcionamiento del edificio y sus valores sostenibles. El Madison Children’s Museum tiene un espacio increíble con huerto, gallinas, horno solar y paneles solares.

Otra opción interesante es llevar el museo a la huerta, como hace el Garden Museum a través de dos proyectos desarrollados en un colegio y un consultorio médico local. En estos casos, y en la mayoría de ejemplos, los huertos y jardines didácticos promovidos por museos subsisten gracias al cuidado y mantenimiento de voluntarios, con intervenciones más o menos frecuentes y significativas de la comunidad. No imagino una forma mejor de servir al museo.

Sobre el papel de los voluntarios y su gran valor dentro del organigrama del museo hablaré muy pronto. De momento espero que os haya apetecido mucho, como a mí, cambiar plazas vacías por tomates y composteras. Estaríamos un paso más cerca del museo del futuro.

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3 Respuestas a “Back to the land: Huertos, jardines y museos del futuro

  1. Superinteresante lo que explicas. Dentro de unas horas estaré en la inauguración de la “Domus Sent Soví”, un centro gastronómico focalizado en el patrimonio culinario catalán que está en Hostalric, un precioso pueblo medieval a medio camino entre el Montseny, Girona y la Costa Brava. Les diré a sus responsables que lean detenidamente tu post. Un abrazo y felicidades.

  2. Pingback: Un año de Museo, Go Green! | Museo, Go Green!·

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